La muestra
permanecerá abierta hasta el 24 de mayo.
“Soy
Pablo Redondo Díez. Durante quince años compaginé la escultura con mi trabajo
como arquitecto, hasta que el impulso creativo y la pasión por los materiales
me llevaron a dedicarme plenamente a la escultura. Como arquitecto, formo parte
del estudio Arquipablos; como escultor, firmo mis obras como ODNODER.”
Pablo
Redondo Díez, conocido artísticamente como Odnoder (Redondo al revés), es un arquitecto
y escultor español nacido en Málaga en 1964, afincado en Madrid. Formado en la
Escuela Técnica de Arquitectura de Madrid, fusiona su formación técnica con la
escultura, destacando por obras abstractas y orgánicas que buscan la máxima
expresividad con el mínimo gesto, utilizando principalmente la madera, aunque
incorpora acero, cerámica y bronce.
Horario de
lunes a domingo de 10h a 21h.
Odnoder
ha titulado su Exposición "Entre Oíza y Oteiza", o sea, entre un
arquitecto, como él, y un escultor que tanto le ha inspirado.
Del
recogimiento a la celebración…
De la
formalidad a la poesía…
De la física
a la lírica…
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| BUENA ESPERANZA |
La muestra
funciona especialmente bien cuando el escultor deja hablar a la materia y al
silencio. Sus mejores piezas son aquellas donde la simplificación formal no
deriva en frialdad, sino en emoción contenida. En cambio, algunas obras más
explícitamente simbólicas pueden resultar algo reiterativas en su discurso
espiritual y perder parte de la tensión experimental que caracteriza al
conjunto.
Aun así, la
exposición confirma a Odnoder como un escultor sólido y coherente, capaz de
situarse en una tradición escultórica española de gran exigencia intelectual
sin quedar subordinado a ella. La Casa de Vacas, con su luz serena y su
carácter abierto dentro del Retiro, se convierte además en el escenario idóneo
para una obra que invita a la contemplación pausada y al diálogo interior.
Nada más
entrar en la sala, el visitante percibe una atmósfera de recogimiento. Las
esculturas de Odnoder parecen surgir de un proceso de depuración extrema, como
si cada pieza hubiera eliminado todo lo superfluo hasta quedarse únicamente con
el gesto esencial. Hay figuras verticales, alargadas, casi totémicas, que
evocan presencias humanas reducidas a una síntesis mínima. Otras piezas
recuerdan arquitecturas imposibles, estructuras suspendidas entre el equilibrio
y el vacío.
La huella de
Oteiza aparece en esa búsqueda de la desocupación espacial, en la voluntad de
hacer del vacío un elemento activo de la escultura.
Por otro
lado, la influencia de Sáenz de Oiza se advierte en el rigor constructivo de
las piezas y en la conciencia arquitectónica del volumen. Odnoder no abandona
nunca del todo al arquitecto que fue: sus esculturas poseen estructura, tensión
interna y sentido espacial.
La relación
histórica y creativa entre Oiza y Oteiza constituye, además, un referente
explícito de la exposición. Ambos colaboraron en proyectos emblemáticos del
siglo XX español, entendiendo la arquitectura y la escultura como disciplinas
complementarias.




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